jueves, 18 de marzo de 2010

"LA FIESTA DE BABET": "EL DINERO COMO FACTOR DE AMENAZA DE UN ORDEN QUERIDO"






Dirección Gabriel Axel. Con Stéphane Audran, Jean-Philippe Lafont, Jarl Kulle, Bibi Andersson, Dinamarca, 1986.



Exquisita producción artística. El azar golpea a las puertas de la protagonista quien así se ve favorecida con una fortuna. Cabe inferir que el monto del beneficio no la transforma en persona acaudalada, pero sí es un monto apreciable para las magnitudes económicas usualmente operadas en la pequeña aldea en cuya comunidad fue admitida hace años, cuando llegó a ella corrida por las secuelas de la guerra Franco-Prusiana, proceso bélico y político social en el cual, además, fue diezmada su familia Allí ha llevado una existencia de paz, rodeado del respeto y estima de sus patronas y vecinos. El premio se presenta como incompatible con la subsistencia del vínculo y situación social en cuyo marco tuvo nacimiento y permanencia del remanso de felicidad en que ha cursado los últimos años de su vida; Importa pues un peligro que amenaza con quebrantar el eje rector del orden de cosas cuya subsistencia le resulta vital. La situación no es diferente a la de aquellos que teniendo una fuerte vocación por el arte, la ciencia, o cualquier otra expresión del quehacer intelectual, vienen súbitamente a resultar herederos de una expresión patrimonial cuyo cuidado y atención es incompatible con el camino que han elegido cursar en su paso por la vida; se da así una suerte de coto hereditario, castrador y frustratorio de lo que se piensa como futuro anhelado. En el caso de Babet, el riesgo a conjurar es la desarticulación de su modo de vida y, seguramente estuvo presente en sus breves cavilaciones a orillas del mar, la sombra sempiterna de uno de los males más aterradores para el alma humana, como lo es el de la soledad. Y decide aniquilar la expresión en que se materializa la amenaza gastando todo el dinero proveniente del premio en una opípara cena que, a su costo, habrá de reunir en una conmemoración de naturaleza esencialmente religiosa, a los vecinos que otrora fueron feligreses de un párroco desaparecido. Es de destacar la falta de autenticidad de los comensales motivados por una, pretensa, firme inspiración canónica que agotan en sus palabras la permanente invocación de los preceptos de ascetismo y negación de los placeres, mientras degluten con fruición los manjares y liban con deleite las bebidas que les son servidas. Tampoco debe llamar a engaño el espíritu de confraternidad y conciliación que se aprecia sobre el fin de la reunión, ya que esto es el efecto consabido de este tipo de comilonas, resumido y expresado cabalmente en nuestro medio en la expresión “…¡Sabés como te quiero…!, y cuya duración no va más allá de la desaparición de los últimos efluvios alcohólicos. Pero Babet ha destruido a su acechanza potencial, el dinero, y cumplió, quizás por última vez, su rol de gourmet de alta calificación logrando transformar una simple experiencia culinaria en una expresión de alto refinamiento, con las connotaciones de excepcionalidad propias del quehacer artístico.

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