viernes, 12 de marzo de 2010

"DECONSTRUYENDO A HARRY": WOODY ALLEN DENUNCIA LA DISCRIMINACIÓN DE LOS JUDÍOS ORTODOXOS CONTRA LO QUE LLAMAN "LOS OTROS"






Dir: Woody Allen. Con Woody Allen, Elisabeth Shue, Billy Crystal, Judy Davis.EE.UU., 1997




La última frase que Allen escribe en su computadora,, en la que resume el proyecto de su próxima novela, recoge la realidad del personaje que interpreta en la película: “…era un paranoico, inepto para la vida real, pero idóneo para crear vidas d ficción…”En efecto, era un escritor que insumía un monto sustancial de sus ingresos en pastillas psicotrópicas, prostitutas y sicoanalistas; por lo demás, no había llegado a poder conformar una pareja estable ni con la esposa, ni con las sucesivas compañeras que estuvieron en su vida. Hay una fuerte crítica a la terapia psicoanalítica; una en el medio de una tomentosa discusión familia, la mujer, sicóloga, se ve en la necesidad de atender a un paciente que escucha, de inicio, parte del fuerte intercambio de palabras y luego de acostarse en el sillón es permanentemente interrumpido por la por la profesional que profiere gritos cargados de malas palabras en la necesidad de reconvenir a Woody Allen por haber tenido relaciones con una de sus pacientes. Cuando alguna vez nos ha ocurrido conocer que era la profesión de psicoanalista la de uno de nuestros vecinos, de cuyos desarreglos existenciales podrían dar cuenta los habitantes de una cuadra a la redonda, pensé lo mismo de lo que habrá pensado este pobre hombre tirado en el diván, esto es, si además de la postura externa de omnipotencia, estaban en condiciones de arreglar la vida de nadie. El filme abunda en metáforas de todo orden. Es convocado por una institución universitaria, en la que alguna vez estudió pero de la cual fue expulsado por inconducta, para hacerle un homenaje en razón de la calidad de su producción literaria. A falta de una mujer estable se hace acompañar por una prostituta negra que había convocado casualmente a su domicilio para los fines naturales de su desempeño; las situaciones que se presentan con este motivo son desopilantes. En el camino se detiene a saludar a una medio hermana, que casada con un judío ortodoxo, asume del mismo modo s condición racial y religiosa; manifiesta ser judía, judía y pensar y vivir como una judía, en la que no cabe la existencia de “Los otros”, porque “Es la tradición”. El le responde que la tradición es la ilusión de lo perenne; expresión conceptual que consideramos de alta riqueza. Seguidamente le hace a la hermana una pregunta formulada más o menos en estos términos: ¿Sentirías más la desgracia de un judío que la de un gentil un negro o un… bosnio? Por supuesto que sí replica ella, por cuanto sería “uno de los nuestros”; la discusión y los acertados argumentos de Allen abogando por un entendimiento universal atinados y plausibles, no logran quebrar esa pared de discriminación; en seguida tiene que afrontar, brevemente, la actitud fundamentalista del cuñado, de la que zafa con un chiste oportuno. Continúan viaje, las peripecias son muchas y divertidas. Omitir ver esta película es inexcusable

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