lunes, 8 de marzo de 2010

"MEDEA": LA VENGANZA Y LA AMBICIÓN SIN ESCRÚPULOS.








Medea es la hija del rey Eetes y de la oceánide Circe. En la literatura alejandrina y en Roma, se la tiene en el papel prototípico de la hechicera, papel que ha desempeñado en varias ocasiones a lo largo de su vida.
Medea posibilitó que Jasón tuviese éxito en la conquista del toisón de oro, habiéndole dado un ungüento que lo protegió contra las quemaduras de los toros de Hefesto, y además adormece al dragón con sus hechizos.
Tenía un actitud de desavenencia y rebeldía para con su padre y no bien los argonautas desembarcaron en la orilla de Colco, se unió a ellos he hizo prometer a Jasón que se casaría con ella se les ayudaba al cumplimiento de su cometido; Jasón estuvo de acuerdo, y por medio de los artilugios antes señalados.
Una vez logrado el vellocino de oro, Medea se embarcó junto con los argonautas e incluso, con el fin de asegurar el éxito de la huída había llevado como rehén a su hermano Apsirto, al cual no titubeó en matar y despedazar, con lo cual su padre insumió tiempo en recoger los pedazos de su malogrado hijo.
El matrimonio no se celebró de inmediato, sino que tuvo lugar en la escala realizada en el país de Alcinoo, y en cierto sentido fue impuesto por la esposa de este rey, Arete. Alcinoo había decidido entregar a Medea a los representantes de Eetes que la requerían para castigarla por su delito, pero sólo si era virgen. Arete previno en secreto a Medea de la decisión de su esposo y Jasón se unió a ella para salvarla. Loa autores citan varios hijos nacidos de esta unión.
De regreso a Yolco, Medea comienza a maquinar la forma de venganza sobre Pelias, ya que era conocedora de que éste había enviado a Jasón a un objetivo tan riesgoso en la seguridad de lo conduciría a la muerte. Convenció a las hijas del rey de que era capaz de rejuvenecer cualquier ser vivo, en tanto se lo arrojase desmembrado a un caldero en cual estuviese hirviendo una composición mágica; ante la vista de las hijas despedazó a un viejo cordero y, a los pocos instantes, emergió un corderillo alegre y retozón. Convencidas con este ejemplo de las facultades de Medea, lasa hijas despedazaron a su padre y lo echaron al caldero, pero pelias jamás emergió de él. Después de este asesinato, Acasto, hijo de Pelias, desterró a Jasón y Medea y estos fueron a vivir a Corinto.
Estuvieron un tiempo en Corinto, hasta el momento en que el rey Creonte quiso casar a su Jasón con su hija Glauca; para tal fin decretó el destierro de Medea, pero ésta, sagazmente, solicitó un día de prórroga en la ejecución de la medida. Ese breve lapso le fue suficiente para concebir y llevar a cabo su venganza. Preparó y un vestido con adornos y joyas y lo impregno de una sustancia flamígera venenosa, y se envió a su feliz rival. No bien se lo puso, abrazola un fuego misterioso que causó su muerte, como también la de su padre que corrió en su auxilio; asimismo, causó el incendio del palacio.
Mientras tanto, Medea daba muerte a sus propios hijos en el templo de Hera y Luego escapaba hacia Atenas, volando en un carro tirado por caballos alados, regalo de su abuelo el Sol.
Medea había huido a Atenas porque Egeo le prometido ayuda antes de que matase a sus propios hijos. Aseguró a Egeo que podría darle descendencia, a pesar de su prolongada edad, si se casaba con ella. Trató en vano de dar muerte a Teseo cuando éste llegó para ser reconocido por su padre. Entonces fue desterrada de Atenas, y se dirigió Al Asia, junto con su hijo Medo, que había nacido de su relación con Egeo, epónimo del pueblo de los medos.
Existe una tradición según la cual Medea se convirtió en inmortal, sino que habría sido transportada a los Campos Elíseos, donde se habría unido con Aquiles (lo mismo que Ifigenia, Helena y Polixena).
El juicio moral sobre Medea va desde la exaltación de la figura femenina que hace Eurípides, tomando su figura como ejemplo, a quienes consideran que todos los crímenes de Medea tienen justificación en el perjurio de Jasón, y otros que la toman como un ser sin escrúpulos que no se detiene ante ningún extremo con tal de materializar sus propósitos.

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