viernes, 17 de septiembre de 2010

"PLATA DULCE": ... POLÍTICAS DE GOBIERNO QUE MODIFICAN EL EJE MORAL DE LOS CIUDADANOS Y LOS CONDUCE A UNA FICCIÓN ARTIFICIOSA Y FATAL.





Dir: Fernando Ayala. Con Federico Luppi, Julio De Grazia, Gianni Lunadei, Alberto Segado. ARGENTINA, 1982.

La película comienza con una frase muy feliz, puesta en boca del personaje al que le da carnadura Federico Luppi “…no estamos quebrados, estamos peor, estamos estancados …”; importa un reflexión valedera para aspectos relacionados con lo más trascendente, como puede serlo lo atinente al crecimiento o no o no de nuestra personalidad: quizás la expresión más fatal de un devenir no sea el retroceso, sino la inmovilidad asumida con negligente aceptación. Pero las medidas macroeconómicas emanadas del poder gubernamental escapan a la decisión de de los gobernados y la comprensión de sus consecuencias suelen ser de difícil y controvertido vaticinio incluso para los más versados en esa disciplina, por otra parte es aceptada como no gozar del carácter de una ciencia exacta. Pero que prácticamente todos los miembros de una comunidad, y en sus distintos estamentos, se sientan arrastrados a asumir conductas simplistas, basadas en eslóganes cuyo significado no resiste la confrontación con el orden natural de las cosas, y todo ello asumiendo la actitud irreflexiva que llega a constituirse en un loco frenesí, señala, más que una psicosis colectiva, de un infantilismo que denota ignorancia y futilidad de su núcleo espiritual. Nadie puede aceptar como eterna la premisa anunciada con desenfado y presunción de lenguaraz de la tribu la consigna tan difundida en los años de que ocupa el filme de “…vende todo y hacer trabajar la plata …”, cuando es palmario que el dinero por si mismo no trabaja, y que en todo caso se le da a alguien para que lo haga, y este tendrá que aceptarlo en condiciones expoliadoras que tornan el préstamo tan redituable que mas tarde o más temprano tendrá que encontrarse en la imposibilidad de pagar; tampoco es racional salir al exterior a comprar en supuesto tour de compras, con codicia lo que ni siquiera se necesita, o en todo caso, agota nuestra capacidad de pago, por definición agotable. Todo esto necesariamente debía terminar en hecatombe; pero se trata de una sociedad que encuentra fácilmente consuelo en el sendero facilista de la autovictimización, y un sentimiento de superioridad en sus miembros que es inútil pretender convencerlos de que no fueron los más listos, alertas y “vivos” del planeta.

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