lunes, 8 de febrero de 2010

BAJANDO DEL PEDESTAL INMACULADO: "LAS IMPERFECCIONES DE AQUILES"








.-No se compadece con su imagen de guerrero de preparación y dotes excepcionales, la actitud de Aquiles de priorizar una disputa personal con Agamenón y el reclamo de sus supuestos derechos a las apropiaciones en acciones bélicas anteriores – concretamente el goce sobre una mujer secuestrada, Briseida – a la atención de sus deberes militares, el extremo de poner en riesgo el resultado de la expedición.

-Más allá del relato de la Ilíada, la versión más aceptada o que guarda a nuestro juicio mayor coherencia, es la de que Príamo concurrió a la reunión acompañado por su hija Polixena. Aquiles se prendó de ella y has propuso al rey de Troya que abandonaría a los griegos y pasaría a combatir de su lado si le daba a Polixena en matrimonio. Príamo se avino, pero el acuerdo no pudo materializarse porque Paris, desde un escondite lo mató de un certero tiro de flecha que dio justamente en el talón, único punto vulnerable de Aquiles. Esto pone de manifiesto el temperamento voluble de héroe, y aparentemente su disposición a incurrir en traición parece evidente.

-En el orden moral, es condenable su conducta para con Troilo, el hijo menor de Príamo y Hécuba; Aquiles lo vio ocasionalmente fuera de las murallas de Troya, e instantáneamente se enamoró de su belleza. El joven rechazó sus proposiciones y buscó refugio en el templo de Apolo.; Aquiles le persiguió hasta el interior del santuario y lo decapitó.

-Por último, la misma relación mantenida con Protroclo deja margen a la impugnación moral. Existe la convicción casi unánime que sí, el vínculo era muy especial, que excedía al de una amistad muy intensa. Ora algunos la califican de pederastia ora de homosexualidad; este no es caso de nuestra tacha de inconducta. Sí lo es el modo de manifestar estos sentimientos; el expresar públicamente frente al cadáver de su amigo algo así como…” nunca más voy a recibir los besos de esos labios ni acariciar esas hermosas nalgas…”, no es propio del recato con que la probidad obliga a guardar las relaciones íntimas.

Lo apuntado no se concilia con la reputación de un ser que ha recibido una formación no solamente guerrera, sino de principios éticos que aportarían soporte para resistir la pasiones y soportar el dolor.

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