jueves, 14 de octubre de 2010

"LA NARANJA MECÁNICA": UN JUEGO CASI OBSCENO E HIPÓCRITA SOBRE LA POSIBILIDAD ANULAR LAS PULSIONES DE LA CRIMINALIDAD.





Dir: Stanley Kubrick. Con Malcolm McDowell, Patrick Magee, Michael Bates, Warren Clarke.G. BRETAÑA, 1972.





El concepto de esta película merecedor de particular atención no es la violencia ya que, por desgracia, la realidad diaria ha superado la imaginación tenida por el artista sobre el particular. Sí lo es la supuesto progreso científico que habría modificar las psiquis de los autores de crímenes más horrendos, en el caso homicidas y violadores, para quitarles la predisposición en reincidir en la comisión de esos delitos aberrantes; se parte de la premisa, al parecer universalmente aceptada, de que la prisión no es medio disuasivo de los delincuentes, sino que, por el contrario, acentúa su predisposición a violar la ley y aceptar ese quebrantamiento de las reglas como un orden natural de conducta y ello recoger su razón de ser en que el recluso se ve obligado a manejar los conceptos, valores, lenguaje, sentidos y propósitos de vida de sujetos de similar conducta en los períodos anteriores a sus sendos ingresos a la vida carcelaria; a ello debe sumarse que la cárcel, en cuanto importa a la relación entre los internados, se constituye en espacio carente de autoridad formal, y ésta es sustituida por la que resulta del imperio liso y llano de la ley de la selva, en la que los hombres se acostumbran a matar si es necesario, para asegurar s supervivencia o lograr el ascendiente que les de predicamento y eventualmente el ansiado ejercicio del poder; no es preciso hablar de la subsistencia de las pulsiones sexuales y del modo en que se generan los conductos de evacuación de esta acuciante compulsión fisiológica. Cobra sentido lo anterior, en el tufillo “reivindicativo” que parece fluir del filme, ya expresado en las palabras del religioso en cuanto se opone al sistema en razón de que cercenaría el libre albedrío de los hombres afectados. Entendemos que se trata de una sandez y más que eso de una fatal hipocresía, por lo demás muy extendida en el sistema social. En todo caso los condenados a muerte pierden, como es obvio, con la privación de la vida todas sus facultades de elección, y lo mismo sucede, temporaria o definitivamente, con los condenados a reclusión. En todos caso, dentro de la solución científica imaginaria concebida en la película, se los privaría del albedrío de asesinar o cometer violaciones, y no se ve como esta pueden ser posibilidades en la que haya un interés personal, social o jurídico a preservar. Con base a las distintas posturas que admite la cuestión, se enrola el interés de las fuerzas políticas con miras a un inmediato acto eleccionario; la manipulación que se hace de los hechos y de la información que se da de los mismos es obscena, y sin ninguna conexión con lo que debemos entender como interés general. Coincide con las percepciones que tenemos todos los días, y de las que estamos saturados hasta el hartazgo. Urge reformar la definición y ordenamiento institucional de la democracia, dotándola de un significado mayor y mucho más potente que el mero “electoralismo”.

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